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Agentes, cámaras y espionaje

487 | 28 junio 2017 | Archivo y Memoria | Opinión | 118 vistas | comentarios
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Portada del diario The New York Times, donde fue publicado el reportaje sobre espionaje en México.

Kevyn Simon Delgado*

El 19 de junio pasado, el periódico The New York Times, en alianza con distintos medios de comunicación, publicó un extenso reportaje que develaba la compra de un sofisticado software israelí, llamado Pegasus, por parte del gobierno de México, el cual le permite ingresar a la información personal a través de los teléfonos inteligentes, convirtiéndolos en micrófonos y cámaras. Supuestamente, la empresa demanda que dicha tecnología únicamente sea utilizada para intervenir en las comunicaciones de posibles terroristas y narcotraficantes. Evidentemente sus controles no son muy estrictos, ya que el periódico estadounidense, además, señaló que a quienes realmente se intervenía era a periodistas y defensores de derechos humanos, los “nuevos enemigos del Estado”, señalaron.

Si nos vamos a la historia contemporánea de México, habría que recordar que desde 1947, con la creación de la Dirección Federal de Seguridad, el gobierno ha espiado a ciudadanos mexicanos, tantos opositores como integrantes del “partido oficial”, guerrilleros, obispos, sindicalistas, estudiantes, empresarios y, evidentemente, a activistas y periodistas destacados. Al transcurrir los años, la relación con la CIA y el contexto nacional, hizo que se profesionalizaran y modernizaran sus métodos de espionaje, llevándolos a su máxima expresión durante la llamada “guerra sucia” de las décadas de los sesenta, setenta y principios de los ochenta, cuando la tortura, los asesinatos y las desapariciones forzadas se utilizaron como práctica gubernamental, sobre todo contra las organizaciones político-militaristas guerrilleras.

espionaje direccion federal de seguridad

En el interior de la entonces Dirección Federal de Seguridad (DFS). Imagen: Especial.

Micrófonos y cámaras eran herramientas comunes para espiar a periodistas como Manuel Marcué Pardiñas, Manuel Buendía, Julio Scherer, incluso hasta los ‘moneros’ Abel Quezada y Eduardo del Río Ríus fueron vigilados (este último llegó a ser secuestrado por la ‘policía política’ y se le hizo creer que lo iban a fusilar en medio de la nada), como respuesta represiva por sus líneas de investigación, generalmente abocadas a revelar la corrupción del sistema político mexicano, a criticar al presidencialismo, al partido oficial y sus corporaciones, así como su traición a los ideales de la Revolución Mexicana. Sin embargo, la violencia contra el gremio, en general, no estaba desatada como hoy.

Entonces, la bancada del PRI en las dos cámaras alegaba que esto no ocurría o que con dichas prácticas únicamente se estaba protegiendo a las instituciones de los grupos y personas que buscaban desestabilizarlas. Hoy, cínicamente, repiten el discurso. En el Senado se dijo que el reportaje sólo tenía fines políticos para desestabilizar a las preciosas instituciones y que el reportaje se sostenía nada más en la imaginación. Un verdadero déjà vu histórico. Nada nuevo bajo el Sol. El espionaje, siempre, ha evolucionado con los avances tecnológicos. Sorpresa o no para muchos, lo importante es que es un crimen y una violación a sus derechos, ante lo cual el gobierno deberá de responder más allá de sólo esconder la mano después de aventar la pedrada.

*Historiador de la UAQ.

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