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Esa terca realidad, no se deja maquillar

492 | 15 agosto 2017 | Desde Nuestra América | Opinión | 76 vistas | comentarios
onu en venezuela

Un equipo de expertos de la ONU dio a conocer que en Venezuela ha habido un uso generalizado y sistemático de la fuerza, así como que se han efectuado detenciones arbitrarias contra manifestantes. Foto: Especial.

Oscar Wingartz Plata*

Hemos iniciado esta entrega con un epígrafe que consideramos muy acertado en tiempos como dice él mismo: “revueltos”. Así es. Vivimos tiempos complejos, azarosos, confusos, donde todo parece tener “una lógica, un sentido”, pero si nos adentramos en “esas lógicas” y “esos sentidos” veremos que hay todo un andamiaje pseudo justificatorio de todo tipo de hechos y acciones que rayan en lo absurdo, en lo grotesco, en lo impensable. Nos estamos refiriendo a la situación venezolana, por un efecto inercial se ha ido desplazando hacia una mayor confrontación por parte del llamado bloque opositor.

Esas lógicas y esos sentidos han estado a la orden del día tratando de “dar explicaciones” de todo calibre ante un escenario más entreverado y contumaz. La información vertida ha tenido todos los tonos imaginables, eso ha hecho más complicado el intentar tener una idea clara sobre el pueblo de Bolívar. De antemano se debe descartar la información que viene de las llamadas “agencias libres”, porque de forma reiterada se sesgan los hechos y los eventos, uno entre otros muchos, es pretender mostrar al país sudamericano en el caos total, lo que es falso y desproporcionado.

Pasar junto a la realidad con los ojos cerrados es una modalidad intelectual característica de la educación impuesta a los pueblos coloniales por los pueblos dominadores. Un conjunto de palabras de embeleso y de doctrinas aparentemente generosas suplanta la cruda y siempre revuelta consideración y examen de los hechos de la vida real.

Raúl Scalabrini.

Otro elemento, hace referencia a la forma como se ha tratado este conflicto con sectores de opinión de diverso cuño y procedencia, instancias nacionales e internacionales, así como los propios venezolanos desde la posición que guardan en este conflicto. Todos estos elementos han creado una visión abigarrada de la realidad venezolana, para cerrar el círculo la actuación de la OEA (Organización de Estados Americanos), encabezada por el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, su empleado, el secretario general de esta organización, Luis Almagro, y países que los acompañan, entre otros, México. Así, pues, pareciera que navegamos en un mar agitado y embravecido sin tener un puerto donde llegar.

Las palabras, los conceptos, las ideas, las categorías usadas hacen referencia a un sinfín de sentidos según quién las use y desde la posición que las esgrime. Pongamos como ejemplo paradigmático “democracia”, cada quién la usa de manera libre, sin un margen de claridad o precisión por una razón que salta a la vista, este concepto fue una construcción ideal que según se creó en la Grecia Antigua, como una aspiración y forma de organización y ordenamiento social, que en el fondo pretendía regular los excesos y abusos de las tiranías y las dictaduras. El asunto es, si usamos ese concepto de forma abierta y laxa, la síntesis más clara es la confusión y el manejo arbitrario del concepto.

Si vamos a fondo veremos que la oposición venezolana encabeza por la MUD (Mesa de Unidad Democrática) enarbola la bandera de la “democracia”, pero sus actos y dichos son totalmente antidemocráticos, como la búsqueda incesante de la revuelta callejera, la agitación, la desestabilización, la confrontación abierta ante los poderes estatales, el uso faccioso de los medios de comunicación, es decir, prácticas y acciones que caen en el rango abierto del terrorismo. Ante esto la pregunta es ¿cómo se puede considerar la MUD una instancia democrática y luchas por esos valores?

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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moros (derecha), con una efigie de su antecesor, Hugo Chávez. Foto: Gobierno Bolivariano de Venezuela.

Como se puede observar la lucha que está librando el gobierno y el pueblo venezolano es un caminar a contracorriente tormentosa y compleja. En estas reflexiones se pretende hacer luz sobre este evento, a su vez, exponer la inequidad y la falta de principios éticos por parte de la llamada oposición en cuestión. Como decía uno de mis queridos maestros en la UNAM: “No por estar predicando constantemente la democracia, soy un demócrata.” Eso puede ser sólo una fachada, un disfraz, un recurso más. La democracia con mayúsculas es un asunto que desborda por todos los costados la simulación que pretende montar esa oposición venezolana. La democracia en una forma permanente de vida donde los ciudadanos la hacen suya y la practican cotidianamente, no de manera esporádica ni coyunturalmente.

Un asunto que no debemos pasar por alto se refiere a la manera en que se ha expuesto este conflicto, como una confrontación abierta entre la oposición y el gobierno, aquí surgen una serie de preguntas, ¿quién es esa oposición? ¿Quiénes la conforman? ¿Cuál es su programa real de acción? ¿Qué principios detentan? Esto es clave para saber por dónde caminan y qué quieren realmente. Porque sus declaraciones se han movido en la nebulosa, en la simulación, en la falta de claridad, más bien, aparenta interesarse por el país, pero, en los hechos están transitando por otra ruta.

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Altos mandos militares de Venezuela rechazaron las declaraciones sobre la intención de Estados Unidos para intervenir militarmente en este país. Foto: Gobierno Bolivariano de Venezuela.

El título de esta entrega es explícito, no nos dejemos engañar, los medios y diversos actores que están interviniendo, entre otros, las diplomacias latinoamericanas y extra continentales han estado haciendo una labor nada respetable, y sí muy cuestionable, empezando por nuestro país, que teniendo una de las tradiciones diplomáticas más sólidas a nivel mundial se ha dejado llevar por el gobierno norteamericano hacia una aventura nada deseable, ser vocero del Departamento de Estado norteamericano, literalmente es una labor ingrata y totalmente reprochable por parte de nuestro gobierno. El principio fundamental de la política exterior mexicana ha sido: La no intervención en asuntos propios de estados soberanos, la no injerencia y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Estando así las cosas, lo mínimo que le debemos pedir a nuestro gobierno es no involucrarse en un conflicto que puede tener consecuencias nada deseables para nuestro país, y mantener una posición firme y sólida anclada en nuestra política exterior sintetizada en la llamada “Doctrina Estrada”.

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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