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¡Llevemos la imaginación al poder!

| 12 septiembre 2017 | Desde Nuestra América | Opinión | 50 vistas | comentarios
ideas para el cambio social

Imagen: Especial.

Oscar Wingartz Plata*

Retomo una de las tantas lecciones que recibí cuando cursaba la Licenciatura en Estudios Latinoamericanos en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En una ocasión uno de mis maestros nos dijo con enorme énfasis: “Pongan en acto la imaginación.” Así, dicho de golpe, todos nos quedamos desconcertados. La pregunta era: “¿A qué viene eso de pongan en acto la imaginación?”. Después de una pausa, unos de los compañeros le preguntó al maestro, ¿qué nos quiere decir? Con enorme calma y paciencia nos dijo casi como una sentencia lapidaria: “¿Si no puede imaginar o recrear un mundo nuevo, cómo quieren cambiar el que tenemos con sus lacras y contradicciones?” Respuesta contundente, profunda. En efecto, ¿cómo queremos cambiar el mundo, sino no tenemos idea de lo que queremos hacer?

En esa dirección, el enorme intelectual y revolucionario italiano Antonio Gramsci, también lo decía, hay que hacer un enorme ejercicio de imaginación para idear ese mundo distinto, diferente, todavía, iba  más allá, si efectivamente queremos hacer las cosas nuevas, el primer acto efectivo de esa nueva sociedad, es barrer con todo lo que significa y significó la antigua sociedad. Si no hacemos eso, nada cambiará.

¿Por qué estas ideas? Por una razón muy sencilla, el modelo económico e ideológico implantado a “sangre y fuego” en nuestra América en las últimas décadas está mostrando signos inequívocos de agotamiento. Se formula este planteamiento por un asunto que comienza a revelarse en el horizonte inmediato, esto es, el rumbo que están tomando nuestras sociedades en la América Latina. Muchos, pseudoanalistas “sesudos” habían pronosticado el fin del llamado “populismo”, que en honor a la verdad, ¿quién sabe que quieren decir con eso? El fin de las movilizaciones dirigidas por “agentes mesiánicos” como los nombra Ochoa Reza y el mismo Peña Nieto, como si eso fuera suficiente para descalificarlos. ¡Qué pobreza mental de esos líderes partidarios! La repetición machacona, maniaca, obsesiva de frases hechas a la medida, sin sentido, ni profundidad. La repetición vacua, simplista, autorreferencial.

Se confirma que la retomada del viejo proyecto ya aplicado en los 80 y los 90 del siglo pasado en varios países de la región, no tiene ninguna capacidad de dar solución a los problemas de esos países. Al contrario, disminuir las inversiones estatales, los recursos para las políticas sociales, cortar los derechos de los trabajadores, sólo han ahondado la crisis. La restauración neoliberal desemboca en un fracaso.

Emir Sader

Paradójicamente estamos viendo un resurgimiento de nuevas expresiones sociales, que van delineando una propuesta que niega y desplaza de la escena social e histórica esos modelos y presupuestos pseudo inamovibles, como predicar obsesivamente que no más camino que, las privatizaciones a gran escala. Ese modelo, también conocido como neoliberalismo está mostrando su verdadero rostro, ¿qué pasará cuando se acabe de privatizar todo lo que sea susceptible de ser privatizado? ¿Cuál será la máxima a seguir? ¿Cuál es la siguiente maniobra del gran capital? Es decir, todas las sociedades tienen límites objetivos, no pueden ir más allá de sí mismas. Pero parece que los barones del dinero, junto con sus gobiernos, esto no lo entienden. Parece que no tienen más horizonte en sus mentes que seguir con este modelo, como se dice coloquialmente: “hasta donde tope”. A eso se le llama con todas sus letras: estar vacíos de ideas, de imaginación, de sentido de las cosas, de todo.

Por ello, la urgente necesidad de repensar, imaginar, recrear las ideas, las propuestas, los proyectos de nueva sociedad. Objetivamente, no podemos anclarnos, estancarnos en modelos y recetas que comienzan hacer agua. Es la negación de la dinámica histórica más elemental. No podemos imaginar una sociedad totalmente estática, inmóvil, quieta. Sería negar el flujo mismo de la vida, de los seres humanos. Por ello se afirma que, nuestros gobernantes están viviendo un desfase histórico impresionante. Fuera de toda proporción. Todo, por no pensar por propia cuenta. Siempre esperando que les “tiren línea”.

Decíamos que nuestras sociedades comienzan a caminar por otro sendero, por otra ruta. Literalmente, es impensable que sigamos “eternamente” en lo mismo, ninguna sociedad ha tolerado eso. A pesar de los pronósticos, las cábalas, la lectura de los astros, las sociedades van en otra dirección. La inconformidad comienza hacerse patente en Brasil, Argentina, México, Chile se está palpando un movimiento profundo que exige un cambio de rumbo, donde los seres humanos de carne y hueso, no de estadística, se están haciendo visibles, levantan su voz, sus demandas, sus necesidades de una vida diferente, digna, humana. Es aquí donde el modelo hace agua estrepitosamente ante estas demandas.

Los países que se han mencionado son sólo una muestra de lo que está sucediendo en la base de la sociedad. No son estridencias ni exageraciones, son parte de una dinámica histórica que se está mostrando. Sólo es cuestión de hacer un somero recuento de hechos, ¿qué ha pasado en las últimas dos décadas en América Latina en materia socio-económica? Salvo, sus contadas excepciones, el panorama general es de estancamiento. Donde “el modelo” ha privilegiado el desplazamiento de miles y miles de sus fuentes de trabajo, vía las privatizaciones. ¿Qué dicen los gobiernos en turno? “No había de otra”. Esto se llama, carencia de sentido común.

El costo social y humano de la aplicación de este “modelo” es impresionante, sólo hay que pensar qué significa el desplazamiento de la fuerza de trabajo, vía la automatización y la robotización, es literalmente, inimaginable. Miles y miles en la total precarización humana y material. El desplazamiento de la fuerza trabajo en sociedades como las nuestras, las latinoamericanas, está fuera de toda proporción. Por una razón evidentísima, no somos países hegemónicos, con un alto nivel de desarrollo tecno-industrial, donde su fuerza de trabajo tiene mayores niveles de preparación y cobertura. Como dice: “es elemental mi querido Watson”. Desplazar la fuerza de trabajo, sin cobertura de ningún tipo, es un paso al más allá. ¿Qué hacer con una fuerza de trabajo desocupada en las proporciones que vivimos aquí? Pregunta clave, central.

Por ello, es de absolutamente pertinente y urgente imaginar otra sociedad, otra forma de organizarnos, donde podamos tener cabida, sin exclusiones ni privilegios. Ese es el reto que los movimientos sociales de diverso cuño tienen por delante, impulsar desde otros parámetros una sociedad nueva y diferente. ¡Para llevar adelante esa propuesta es necesario poner en juego la imaginación!

*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM.

Profesor-investigador en la Facultad de Filosofía de la UAQ.

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