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El terremoto que lo cambió todo

| 3 octubre 2017 | Archivo y Memoria | 101 vistas | comentarios
Sismos en México.

Fotos: Especial.

Kevyn Simon Delgado*

19 de septiembre de 1985, 7:19 de la mañana, uno de los peores sismos registrados azotó la capital del país. Entre los escombros se pudo ver la corrupción, los crímenes y el desprecio del sector político del PRI hacia el pueblo. De las ruinas surgió la organización popular, el feminismo de barrio, la lucha sindical y la solidaridad entre las y los de abajo. Quienes fueron, como siempre, los más afectados.

Miles de personas murieron aquellos días a causa del temblor y sus réplicas, la cifra oficial supera los 3 mil decesos, la no oficial, alrededor de 10 mil. El gobierno, antes como ahora, consideró que maquillar los números era igual a resolver el problema, si no se dice no pasa, creerán. En lo que el presidente Miguel de la Madrid Hurtado negaba necesitar ayuda internacional y, de paso, negaba la ayuda a los millones de damnificados, la sociedad civil tomó la gravísima situación en sus manos.

sismo en MéxicoEntre el shock, la desesperación, los gritos, el polvo, los cadáveres, los rescatados y los rescatistas improvisados, se organizaron comedores, centros de acopio, ‘clínicas’ de salud, centros de información para localizar a los seres queridos y las miles de manos que, sin las herramientas y la seguridad adecuadas, penetraron como topos a los cientos de edificios caídos, con la esperanza de encontrar a alguien con vida. Ya sea durmiendo en la calle, en los campamentos o en las casas que no salieron dañadas, la inmensa Ciudad de México se convirtió en una gran vecindad, para bien y para mal, sin embargo, la solidaridad entre los vecinos superó a la rapiña.

Del seno de los colonos organizados, quienes venían de resistir, como todo el país, la gran crisis económica de 1982 y la nacionalización de la banca, de presenciar la farsa de ‘apertura democrática’ y el teatro de las elecciones de 1976, así como de enterarse o vivir parte de la guerra sucia y las matanzas estudiantiles de 1971 y 1968, surgió un movimiento urbano-popular rejuvenecido que, en 1988, construyó la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas con el Frente Democrático Nacional. Una vez que se prueba el autogobierno y se ve que la verdadera gestión está en la sociedad y no en las instituciones, ya no se puede volver al esquema anterior.

Del terrible caso de las fábricas de costureras, donde fallecieron cientos de mujeres que sobrevivían a condiciones de esclavitud, tomó nuevos bríos la lucha sindical y el feminismo de barrio, popular, el cual, a la par de solventar las necesidades básicas de las mujeres en una situación de catástrofe, se cuestionaba la violencia cotidiana en la que vivían.

Los medios de comunicación, especialmente la radio, se redescubrió a sí misma como un instrumento de ayuda que tenía que ir más allá de dar la hora y el clima entre canción hueca y canción hueca, apoyando en la localización de las personas desaparecidas, solicitando voluntarios donde más se necesitaran y abriendo sus micrófonos al multisonoro mundo de la calle, convirtiéndose, realmente, en un medio de comunicación y no en instrumento publicitario.

Las consecuencias y aprendizajes surgidos hace 32 años, ¿se desempolvarán con los recientes terremotos que afectaron a amplias regiones del país? ¿La solidaridad se mantendrá más allá del caos inicial y perdurará frente a las múltiples violencias cotidianas?

*Historiador de la UAQ.

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