Polvo de aquellos lodos (Contra viento y marea, la consulta… ¡Va!)
José Luis Alvarez Hidalgo
Una atmósfera mediática enrarecida, turbia y grisácea, se hizo sentir antes, durante y después de la realización de la consulta pública, convocada por la izquierda partidista, en torno a la reforma energética propuesta por el Ejecutivo Federal y que obtuvo un NO rotundo y contundente por parte de la ciudadanía que decidió participar en este proceso y que hizo oír su voz ante un evento de relevancia nacional que amerita la opinión de todos los mexicanos que nos jactamos de amar a nuestra patria ¿Será? ¿Qué tanto? ¿Nomás tantito…?
El acoso mediático no se hizo esperar, las voces de los comunicadores de los principales medios electrónicos desataron una andanada de informaciones deformadas y deformantes con la pretendida ilusión de desalentar la participación colectiva, enrarecer y desacreditar el proceso. No les salió del todo. Si bien la afluencia de votantes no superó las expectativas y se quedó en un nivel modesto, lo anterior no invalida el carácter democrático que posee una consulta popular.
Instrumento de medición de la voluntad ciudadana en torno a un hecho que nos incumbe a todos los mexicanos y que nunca ha sido puesto en práctica de modo sistemático en la historia política de nuestro país y que pretende condenarse y embarcarse en la nave del olvido.
Efectivamente, las voces flamígeras de los comunicadores radiofónicos, televisivos y muchos de la prensa escrita, insistían en señalar una y otra vez, que la susodicha consulta no poseía un carácter vinculatorio de tipo legal y que, por lo tanto, (eso es lo que querían decir entre líneas) no había de qué preocuparse, ya que no tendría consecuencias decisivas y definitorias en el aparato legislativo que va a tomar la determinación de aprobar o no la pretendida reforma energética.

Ciudadanos dicen no a la reforma de Calderón.
De igual forma, se cuidaron muy bien de evitar calificar dicho acontecimiento como un ejercicio democrático de la ciudadanía, y se empeñaron en enfatizar que la consulta no tenía los alcances esperados y en la supuesta baja participación de los ciudadanos en dicho ejercicio, así como en magnificar algunas irregularidades.
Ya no es ninguna sorpresa la cobertura que realizan los medios de comunicación respecto a sucesos de esta naturaleza y que exhiben con total descaro, el insultante cinismo de aquellos periodistas que siempre se han cobijado a la sombra del poder (y que pululan por doquier), para dar cuenta que el ejercicio periodístico en nuestro país dista aun a miles de leguas de un ejercicio decididamente democrático, libertario y justo.
Aun me indigna el recordar las palabras de insignes plumas de periódicos respetables de la prensa nacional, columnistas de Milenio Diario, como esa vergüenza, también nacional, que se hace llamar Carlos Marín, Joaquín López Dóriga, Ciro Gómez Leyva, otrora dizque periodistas críticos e independientes y ahora fervientes agoreros incondicionales del poder.
Me indigna leer a columnistas de poca monta que escriben en El Universal, Excélsior, Unomásuno, Reforma y Crónica (particularmente éste) y que con un nivel de análisis político pobrísimo, lastimoso, se llenan la boca –y la pluma—de un veneno corrosivo que sólo pretende ensuciar todo lo que toca y destruir a quienes consideran enemigos de causa. Es una lástima que esas voces se lean y hagan eco en muchos lectores… ¿Hacia donde navega esta nave sin retorno que llamamos periodismo libre?
Más me ofusca aun, dar cuenta que los mismos vicios periodísticos se reproducen en todo el orbe nacional y, particularmente, en aquellas regiones donde la derecha gobernante ha reprimido a las voces disidentes y alentado al corifeo del periodista que vive bajo su regazo y se aleja cada vez más de un ejercicio crítico y democrático.
No es que estemos en pañales, no, es que los intereses son muchos y los principios y convicciones son pocos. Aun falta que la consulta pública en torno al petróleo se realice en estas latitudes y será menester hacer un monitoreo escrupuloso de la cobertura periodística que va atener dicho suceso. Lamentablemente no habrá muchas sorpresas y el embate de la derecha oligárquica que nos gobierna se hará sentir y se repetirá como un eco infinito en las planas de los periódicos, en los parlantes de la radio, en las pantallas televisivas. Una atmósfera mediática de podredumbre y desconsuelo.
Somos polvo del eterno lodazal.
Etiquetas: medios de comunicación , reforma energética





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