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Una izquierda dividida en un país polarizado

9 Junio 2008 Sección: En pocas palabras 26 vistas comentarios Imprimir el texto Enviar por email

Nahum G. Hernández Bolaños

Después de las elecciones de 2006 la izquierda como nunca alcanzó un protagonismo nodal dentro de las fuerzas y posiciones políticas en nuestro país. Ese año, estuvo a medio punto porcentual en el conteo de votos para ser gobierno a nivel nacional.

Una izquierda dividida en un país polarizadoSin embargo, poco tardó para exhibir con claridad su división acaecida a raíz de la lucha por los puestos entre las denominadas tribus. Un rostro que la euforia electoral distrajo, pero que viene de tiempo atrás.

A diferencia del PRI (Partido Revolucionario Institucional y el PAN (Partido Acción Nacional) que optaron por una elección de su dirigente a través de asambleas, donde finalmente las negociaciones y los arreglos permitieron elegir a sus representante, el PRD (Partido de la Revolución Democrática), decidió comprobar su “vocación democrática” a través de una elección abierta a la militancia.

Pero como reza el dicho “en el pecado lleva la penitencia” y por quererse ver bien los perredistas consiguieron justo lo contrario.

De inicio la capacidad logística y de organización rebasó por mucho la propia capacidad del partido para llevar a cabo su elección. Y es que l IFE, el único organismo con esta capacidad, muchas veces es cuestionado justamente por los cabos sueltos que la complejidad de la labor en ocasione deja.

Pero más allá de la organización y el conteo, el proceso “democrático” del PRD terminó por mostrarnos que las viejas prácticas, como entrega de despensas, padrones de militantes manipulados no se han ido, sino que están más presentes que nunca.

En fin, este partido terminó por mostrarnos la profunda división que existe en su interior, división que ha llegado al punto de la agresión, como la que protagonizo el Senador Carlos Navarrete.

Sabemos que todos los partidos presentan disensos, pero en el PRD parece que la voluntad de dialogo, que la suma de voluntades, que la capacidad de construir consensos a partir de ciertos intereses o ideologías se ha agotado, y eso es, y debe ser preocupante.

El desgaste de este partido se viene a unir a la gran tragicomedia mexicana, nada peor para una democracia que recientemente arribó a la alternancia y cuyo paso siguiente es consolidar esa democracia, justa y precisamente fortaleciendo a un sistema de partidos competitivo.

Nada peor que un sistema de partidos fracturado, mediocre, disminuido, conformado por partidos comparsas de los intereses de uno fuerte, porque entonces volvemos al sistema de partido hegemónico de antes, ahora de otro color, y nada en el fondo ha cambiado, no hemos avanzado y entonces nuestra democracia es una mala broma.

Quienes festejan la debacle del PRD no piensan para nada en la democracia, piensan en el poder, o es la ignorancia la que les asiste. Puede uno simpatizar o no con la izquierda, pero para quienes en verdad creen en la democracia, saben que la pluralidad de las ideas sustentadas en partidos políticos con igualdad de fuerzas es el camino, no así la existencia de un partido hegemónico con partidos moribundos y sin fuerza que solamente le hagan el juego a su validación democrática por la vía comicial.

Nada peor para la democracia que una izquierda dividida en un país polarizado, ello confunde y tiende al marasmo político de la gente, después de la polarización, la fragmentación, detrás de ello viene el abstencionismo pronunciado, el desconocimiento de la representación de los partidos.

Toca al PRD retomar las ideas esenciales que alguna vez le dieron sustento, e iniciar una profunda reestructuración, enfrentarse a una profesionalización de sus bases medias, a una purga más que necesaria de elementos indeseables que obran más en su contra que a su favor. No existe en el mundo país consolidado, democráticamente hablando, que no cuente con una izquierda fuerte.

No una izquierda como la nuestra, que caiga justo en lo que tanto criticó, porque la fortaleza de la izquierda se conforma a partir de la congruencia de sus actos.

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